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POR ENCIMA DE LAS BOMBAS Y LA PRIMA DE RIESGO

Hasta ahora me había negado a volver a calzarme un reloj Casio y aquí estoy con una luz plateada reluciente en mi muñeca derecha. Se llama vintage y por lo visto se trata de rescatar moda o incluso estilos utilizados en tiempo atrás. Las Converse, aquellos suéters de lana gorda, las hombreras, las Vespas… Es tal la devoción por lo clásico que ahora una foto no es buena si no la pasamos por el filtro famoso de Instagram. Pero ciertas cosas, no es que no pasen de moda, es que siempre son actualidad.

Os sitúo. Principios de 1937, la guerra civil se empieza a instalar en todos los rincones del país, un paisaje gris, en el que el terror, el miedo y el odio están presente en cada conversación, en cada reunión y en la que por supuesto lo último en lo que la población estaba pensando era en la fiesta. “El pueblo necesita hoy más que nunca de la eficacia funcional de las Fallas” Veis, como hay cosas que no pasan de moda.

Josep Renau, Director General de Bellas Artes en la ciudad de València por aquella época, pronunció estas palabras siendo consciente del gran valor social de la fiesta fallera. En una población apagada, con muy poco futuro por delante y acostumbrada a vivir con el ruido de los bombarderos sobre sus cabezas, pensó que unos días de fallas no vendrían nada mal. Todo lo contrario, sería una forma perfecta para levantar el ánimo de todos los vecinos. Artistas como Gori, Muñoz, el propio Renau o un tal Regino Mas, se pusieron manos a la obra y aunque únicamente fueran 4 monumentos los que se plantarían, ese año también tendrían cenizas en la calle la noche del 19 de marzo. No entraremos a analizar el objetivo de estos monumentos ya que si rebuscamos un poco y encontramos alguno de los bocetos, veremos claramente que tenían como fin la propaganda a favor de uno de los dos bandos, como casi todo en aquella época.

Evidentemente en la actualidad no tenemos sirenas sonando, ni bunkers preparados para un posible ataque aéreo, pero lo que sí que tenemos es la misma sensación de la que nos hablaba el artista valenciano hace más de 40 años. En un momento tan crítico, en el que muy pocos días nos levantamos con alguna buena noticia, el pueblo (como lo llamaba Renau) necesita de estímulos positivos a los que engancharse y como históricamente ha sucedido, las comisiones falleras hacen esta función a la perfección.

Seguramente sea una sensación mía, pero cada vez que entro al casal es como si entrara a una burbuja (inmobiliaria no) en la cual consigo olvidarme aunque sea por unas pocas horas de todos los problemas que durante la semana he tenido. No os hablaré de la importancia económica de las Fallas, cosa que todos conocemos, más o menos, y que hace que ese ambiente grisáceo que volvemos a tener en la actualidad sea más claro en algunos sectores de la economía valenciana. A lo que me refiero es al optimismo necesario en todos y cada uno de nosotros para afrontar tantos revolcones que sin merecerlos estamos sufriendo.

En una cena de viernes, en un ensayo, en una conversación entre 3 falleros, una partida al truc o incluso en medio de una reunión, disfrutamos, reímos y lo más importante no hablamos ni de datos económicos ni de la prima esa ni de nada que el resto de la semana hace que nuestro humor sea un poco menos humor. Y si encima ese ambiente “irreal” que durante unas horas vivimos en nuestra segunda casa, lo sacamos a la calle durante unos días en el mes de marzo, hace que las comisiones falleras tengan un buen motivo para continuar con su trabajo. Trasladar esa alegría al resto de vecinos es algo que desde sus inicios las Fallas están haciendo muy por encima del ambiente que se estuviera viviendo en cada momento de la historia más reciente. Pensad que si en medio de una guerra civil se pensó que 4 monumentos podrían ser algo positivo para todo el pueblo ¿qué puede llegar a ser un monumento cada dos calles?. ¿Y si además durante las 51 semanas restantes la actividad continua?

Las comisiones falleras engloban a un porcentaje altísimo de población pero lo más importante es que también trabajan para todos aquellos que no están dentro de ellas y a eso es a lo que se refería Josep Renau con aquellas palabras. A la capacidad de animar a la sociedad. Es algo innato de la fiesta, la alegría y eso precisamente ahora, es una de las cosas que más necesitamos, alegría.

Por cierto aquellos 4 monumentos no se llegaron a plantar debido a unas cuantas excusas llegadas desde Madrid. El país estaba en guerra, no era tiempo para risas. Las comisiones continuaron trabajando, pero oficialmente no hubieron Fallas durante algunos años. La existencia de la alegría dentro del mundo fallero no consiguieron frenarla, por suerte.

Y que sepáis que el reloj Casio me lo pongo por que es un regalo.

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